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Culto Mental

  • embodymente21
  • 19 mar
  • 3 Min. de lectura

Un enorme monto de consciencia encarnada en cuerpos desea adquirir el poder de suministrarse bien estar en la vida. Desean que el saber de su corta duración pueda ser aplazado por más tiempo mientras se esfuerzan en responder la pregunta acerca de hacia dónde ir. El destino como artimaña de juego del azar nos mantiene atentos de y en el más ordinario de nuestro caso, alertas. Esta acción de huida enerva nuestro sistema y nos exige aculturarnos , educarnos y por qué no, doblegarnos ante la inmensa carga de la obligación para con el mundo.

Distintas son las maneras y las formas para corresponder a nuestra dificilísima existencia con el menor malestar posible. Las hay casi de todos tipos sin embargo en lo que respecta a la necesidad por encontrar el punto más deseable, en lo que respecta al deseo vivo de tocar la certeza inaudible, en ese espacio que se evaporiza junto con nuestros humores vemos las señales de fuego de una tierra prometida.


Respetables son las personas que husmeando entre las hierbas y abriéndose brecha cambian el rumbo de sus estructurales mentales y modifican al menos el gradiente y el ángulo de sus afectos y sus perspectivas.


En el paso a paso, o bien en el arrastre del lastre que debemos aprender a llevar con ánimo y sin decadencia, estamos días alegres y vigilias trasnochando sobre el horizonte que se nos acerca y la proximidad del encuentro con la falta de sentido o bien con la infinitud esparcida en fragmentos de mí que no alcancé a tomar con propiedad y con manos que sin aprehensiones en mi alma, las contuvieran con sabia fluidez y renuncia libre.


Se nos va la vida sopesando nuestras acciones, marchando en un ejército armado con la soledad como emblema, con el sol siempre naciente al alba del origen precario de nuestra fortaleza. Frutos del amor innegable en esta explosión creativa del universo vamos disfrutando de la huella del progreso que se desvanece en memorias y pasado remoto.


Somos seres humanos que buscan intermitentemente las inteligencia laboriosa de la hormiga, seres humanos que aspiran a la camaradería del elefante y entre tanto con nuestras cuatro extremidades y la expansión de la respiración musicalizamos nuestras palabras y sonorizamos nuestros miseros actos de misericordia habitual compadecer en el genuino significado sin resta de ésta palabra: somos uno, compartir el dolor del sufrimiento que cada días nos esforzamos en exiliar de nuestra vida.


Exiliar ese sufrimiento a base de sabidurías, de matemáticas, de arte, de danza, de poesía.

Así como exiliamos así como territorializamos una parcela de espacio no nacido, contemplado en las bellas metáforas de la filosofía. En ese diálogo entre mente y mente evolucionamos. En efecto somos una especie, que data el vacío de su instinto histórico y el salto cuántico a su nunca alcanzable fin porque nuestra especie si en algo está determinada es en la herencia que dejamos para que un mundo mejor llegue a ser.


Así pues, cultivando la mente, aceptando que hay sequías y temporadas húmedas, pero en el rastro de la oportunidad de no perder la oportunidad para invocar al espíritu que es experto en esconderse tras cualquier eclipse que excita voy refugiando mis vísceras, embalsamando el corazón y poder comunicarme con lo real. Hacemos de tripas corazón y salimos del centro peristáltico de la verdadera alquimia como nuestra propia digestión.


Sacudiéndome del engaño. Me desengaño, retenemos la respiración y aspiramos a poder ver con claridad el instante que se oculta, ésta vez inhibido por historias alternas.


La misión que ensayo en este siglo, la lógica sensible que busca resplandecer, el oriente de mis repeticiones y la ciencia de la imaginación se llama culto mental.


La cerradura que hay que abrir es insistente como mantra arquetípico: conócete a ti misma. Conocer el cuerpo ¿cómo? Hablar su lenguaje. Ese lenguaje tan material y tan astral, tan carnal y tan onírico, tan calmo y tan sesudo, tan impulsivo y tan acompasado. Conocer el cambio, observar el cambio. El yoga como método disciplinario implacable para sentir reverencia y absoluto respeto por la insensatez del cambio, por la impermanencia. De ahí el fundamento que forja su carácter ético, no como idea sino en lo concreto de la experiencia. Modelo de autonomía similar al del psicoanálisis, en su sano juicio el yoga no copia, es yoga solo es un signo que vehiculiza la expresión del cuerpo.


El cerrojo a través del cual vemos otro mundo, desde ahí se mira esta práctica de escucha y de posicionamiento ante el complejo paradigma de la rebelión de nuestra condición.


Culto mental.

 
 
 

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Culto Mental By Aline Lavalle

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